A la altura de Messi

La clasificación de la Selección Argentina a la próxima Copa del Mundo “Rusia 2018” me dejó varias conclusiones, pero una sola sensación: emoción.
Pero ahora, que ya más de uno está navegando en internet para buscar precios de aéreos y hospedaje para el año próximo, es momento de reconocer ciertas cosas. En primera instancia, me cuesta creer que aún haya gente que cuestione la calidad técnica de Lionel Andrés Messi. Y este análisis no lo hago con el resultado ya puesto y después de disfrutar de toda la magia que la pulga desplegó en el partido, decisivo, ante Ecuador en Quito. Este análisis existe en mi cabeza desde que Messi es Messi. ¿Y desde cuándo Messi es Messi? No importa, ¿o sí? Lo que deberíamos tratar de entender es que tenemos al mejor jugador del mundo en nuestra casa. Y si me permiten un análisis más liviano, que gracias al 10 estamos en el Mundial. Todavía recuerdo los reproches hacia su figura cuando no cantó el Himno Nacional Argentino (y no lo hace). ¿Eso es ser menos patriota? ¿Eso significa no sentir la camiseta?, ¿Dónde está el manual de procedimientos a seguir cada vez que suenan las estrofas que escribió Vicente López y Planes? Vaya ridiculez. Pero peor aún, fue soportar el arsenal de “análisis” en cuanto a su fútbol: que no juega como en el Barcelona; que no es más que Maradona porque no ganó un Mundial; que cada vez que juega con la camiseta albiceleste se apaga; etc; etc; etc. ¿No puede el argentino disfrutar que tuvimos a Maradona en su máxima expresión y a su vez que somos contemporáneos a un extraterrestre? No, evidentemente no. Y la necesidad de compararlos indebidamente sale por debajo de la Tierra. Yo no sé si Messi es mejor que Maradona y no quiero caer en ese vago debate. Yo quiero disfrutar de la Selección, quiero ver a los futbolistas que nos representan felices, quiero que nos vaya bien en Rusia y quiero vivir el día a día analizando y deleitándome con lo que hacen los elegidos por el DT. Ya habrá tiempo de analizar todo lo que se hizo mal y todo lo que no se hizo. Porque seamos realistas, lo futbolístico no sólo flaquea cuando no funciona una sociedad dentro del rectángulo o cuando los efectos de la altura, por ejemplo, son perjudiciales e inciden en el juego. Lo futbolístico también tambalea cuando no hay una organización seria por detrás que acompañe. Cuando desde el área dirigencial no se proyecta un trabajo a largo plazo, cuando no se cuidan los patrimonios de los clubes y se permiten deudas descabelladas que, muchas veces, llevan a que las instituciones se fundan. Cuando se lleva a cabo una elección “seria” y la votación arroja como resultado 38-38 habiendo votantes impares. En fin, no es momento para razonar todo lo expresado más arriba, es momento de mirar para adelante y confiar en que se hará lo mejor posible para enderezar el rumbo torcido. Después del 3-1 a favor de la Argentina en el Estadio Atahualpa con un Lio magistral, los argentinos estamos de buen humor. Todas las plegarias al Santo Messi surgieron efecto y el que tenía que lucirse, se lució. Rodeado claro de 10 compañeros que dejaron todo en la cancha para seguir soñando con el máximo premio que puede tener un jugador de fútbol: ir a un Mundial. Si el fútbol nos dio esa bocanada de aire renovado, aprovechémoslo.

Como alguien dijo alguna vez: “trabajemos más y critiquemos menos, construyamos más y destruyamos menos, prometamos menos y resolvamos más, esperemos recibir menos y demos más”. Messi, gracias por ser Argentino. Messi, gracias por ser Argentina.